16.2.18

Doctor Piga (Calle del)



Entre las calles del Salitre y de Argumosa. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

Todavía en tiempos de Répide llevaba esta calle el nombre de Travesía de San Lorenzo, sin otra explicación que su cercanía a la iglesia parroquial del mismo nombre, cuya fachada principal da a la calle del Salitre. Hoy en día, por su proximidad al antiguo Hospital General, recuerda a Antonio Piga y Pascual, nacido en Madrid el 6 de enero de 1879. Especialista en Medicina Legal, fue catedrático de esa disciplina en Valladolid, Cádiz y Madrid. Miembro de numerosas sociedades médicas españolas y extranjeras, ingresó en la Real Academia de Medicina en 1941. Creó el primer gabinete radiológico que hubo en Madrid y fue presidente de la Sociedad Española de Radiología Médica entre 1935 y 1936. Murió el 23 de agosto de 1952.

9.2.18

Doctor Mata (Calle del)


Entre las calles de Atocha y de Santa Isabel. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

Aparece rotulada nuestra calle con el nombre de Jasas o algo semejante en el plano de Texeira, lo cual daría que pensar si en tiempos se llamó de Jesús, pero ninguno de nuestros cronistas de cabecera se refieren a ella de tal modo y solo consideran como tal la calle que aún lleva ese nombre y de la que hablaremos en su momento.

El caso es que ya en 1898 llevaba el nombre de un médico, como muchas otras de las calles de esa zona de las que ya hemos hablado. Algo lógico por su cercanía al Hospital General y al Real Colegio de San Carlos. Pedro Mata y Fontanet, el homenajeado aquí, fue uno de esos galenos cuyos intereses excedieron con mucho su vocación, pues además fue periodista, escritor y político. Nació en Reus el 14 de junio de 1811. Hijo de médico, realizó sus estudios en su tierra natal. Desde muy joven compaginó medicina y política y ya en 1837 hubo de exiliarse por sus ideas progresistas. Vuelto a España, tras nuevas peripecias políticas que llegaron a dar con él en la cárcel, fue alcalde de Barcelona y diputado. Poco después decidió abandonar la política por un tiempo y sentó las bases de la medicina forense en España. El resto de su vida fue un constante ir y venir entre la política, la literatura, el pensamiento y la medicina, en una actividad incansable que solo la enfermedad pudo atenuar. Murió en Madrid el 27 de mayo de 1877.

2.2.18

Doctor Marañón (Plaza del)


Entre el paseo de la Castellana y las calles de María de Molina, Salas y José Abascal. Distritos 4 (Salamanca), 5 (Chamartín) y 7 (Chamberí). Barrios de Castellana, El Viso, Almagro y Ríos Rosas.

Carecía de nombre este cruce de calles (en un principio ni siquiera llegaba aquí la de María de Molina) hasta que, a la muerte del personaje que es homenajeado en ella –quien vivía en la esquina de la Castellana con José Abascal- el Ayuntamiento decidió ponerle su nombre. Es muy difícil resumir en un espacio como este la vida y, sobre todo, la obra de una figura como la de Gregorio Marañón y Posadillo, uno de los intelectuales más importantes de la España del siglo XX. Nacido en Madrid el 19 de mayo de 1887, se licenció en Medicina en 1908 y alcanzó el grado de doctor en 1910. Fue médico de Alfonso XIII, a quien acompañó en su célebre viaje a Las Hurdes en 1922. Represaliado por la dictadura de Primo de Rivera, formó junto a José Ortega y Gasset y Ramón Pérez de Ayala la “Agrupación al Servicio de la República” que contribuyó al cambio de régimen el 14 de abril de 1931. Salió de España al poco de estallar la guerra civil, momento en que cambia por completo su actitud hacia los gobiernos republicanos. Se le concedió permiso para volver en 1942; ejerció su profesión en principio de forma liberal, aunque en 1944 volvió a ocupar un puesto en el Hospital Provincial de Madrid, del que había sido desposeído por los franquistas en 1939. Desde entonces no hizo más que seguir acumulando honores y nombramientos, como le había sucedido antes de la guerra, algo de lo que se aprovechó el régimen de Franco con fines propagandísticos. Murió en Madrid 27 de marzo de 1960.

Marañón no solo destacó como galeno, especializado en endocrinología, rama de la medicina a cuyo desarrollo en España contribuyó decisivamente, sino también como historiador (su biografía de Antonio Pérez, aparecida en 1947, es aún considerada canónica) y como pensador. Fue miembro de cinco de las Reales Academias (Lengua, Historia, Bellas Artes, Medicina y Ciencias Exactas).

En el centro de la plaza se encuentra la estatua ecuestre dedicada al marqués del Duero (personaje del que se hablará más al llegar a la calle que lleva su nombre). Fue allí erigida en el año 1885 y es obra de Andres Aleu; los relieves del pedestal se deben a su alumno Pablo Gibert. Como suele ser habitual en estos casos, su bronce procede de cañones que fueron fundidos en Sevilla para darle forma.

26.1.18

Doctor Letamendi (Calle del)


Entre la plaza del Cordón y la calle de Segovia. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

Varios nombres ha ostentando a lo largo de su historia esta breve y empinada calle. Primero se llamó de Tentetieso, seguro que por esa gran pendiente. Más adelante se conoció como costanilla de San Justo, por la cercanía a la calle del mismo nombre de la que se hablará en su momento.

Aquí se encontraba la casa solariega de Juan de Vargas (al que, sigo ignorando el porqué, todo el mundo llama “Iván”. Bueno, no lo ignoro, pero es tan absurdo que no merece la pena ni comentarlo). Ya en tiempos de Répide se podía ver una placa que así lo recordaba; los entonces propietarios del edificio tenían algún vínculo con quien luego dio nombre a la calle. Hoy en día alberga la biblioteca pública municipal que se llama así, “Iván de Vargas”.

Haciendo esquina con la calle de Segovia se puede ver la historiada decoración de la fachada del Dispensario Azúa, especializado en enfermedades venéreas, que allí lleva desde 1924 aunque ahora es el Centro de Salud Segovia.

Como antes se ha mencionado, quienes eran propietarios de la casa solariega de los Vargas en la época de Répide eran parientes del doctor Letamendi y parece ser que lograron que se pusiera el nombre de su deudo a la vía, lo cual hizo comentar al gran cronista que sus méritos bien le habrían valido una “más amplia… en la parte moderna de la villa”. José de Letamendi y Manjarrés nació en Barcelona el 11 de marzo de 1828. Doctor en Medicina en 1853, en 1857 se convirtió en catedrático de Anatomía de la Universidad de Barcelona. En 1872 pasó a la Universidad Central de Madrid como catedrático de Patología General, una disciplina que hasta entonces estaba muy verde y que Letamendi consiguió llenar de contenido y prestigio. En 1881 fue elegido miembro de la Real Academia de Medicina. Sus inquietudes no se pararon en su trabajo como galeno, sino que además fue músico (con alguna obra estrenada), poeta, pintor, escritor y también político. Murió en Madrid el 6 de julio de 1897.

19.1.18

Doctor Jiménez Díaz (Calle del)


La Fundación Jiménez Díaz
(Foto: J. L. de Diego)

Entre la plaza de Cristo Rey y la calle de Manuel Bartolomé Cossio. Distrito 9 (Moncloa). Barrio de la Ciudad Universitaria. 

Debe su nombre esta calle al fundador de la clínica de la que hace de espalda. Carlos Jiménez Díaz nació en Madrid el 9 de febrero de 1898. Se doctoró en medicina en 1920, tras de lo cual optó a numerosas cátedras por oposición, sin gran éxito. Marchó a Alemania para completar sus estudios y por fin a la vuelta, en 1922, consiguió una cátedra en Sevilla. Dos años después volvió a Madrid tras superar una nueva oposición y ya ejercería siempre en nuestra villa su profesión. Creó en 1935 un Instituto de Ciencias Médicas cuyo funcionamiento se vio truncado por la guerra civil. Puesto en marcha de nuevo tras la contienda, en 1955 pasó a ocupar el edificio que hoy conocemos, levantado sobre las ruinas del Instituto Rubio. Por cierto, lo de “clínica de la Concepción” viene del nombre de la esposa del fundador. Jiménez Díaz fue miembro de la Academia de Medicina, recibió numerosos honores en España y en el extranjero y escribió varios libros muy reconocidos en su campo. Murió el 18 de mayo de 1967.

12.1.18

Doctor Fourquet (Calle del)


Entre las calles de Santa Isabel y de Valencia. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

Nuestra calle tiene dos partes. Una, la más antigua, la que bordea el convento de Santa Isabel, fue conocida en tiempos como calle de la Yedra. Esto era así, según una tradición recogida por Peñasco y Cambronero y citada por Répide, por las que allí había, pertenecientes a la finca de Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo entre 1577 y 1594. Parece ser que el cardenal gustaba de tomarse un respiro en aquel lugar, rodeado de sus capellanes, a quienes decía: “Sentémonos aquí, como el profeta Jonás, a la sombra de la yedra”. Felipe II, al que llegó a desesperar la longevidad de Quiroga, pues deseaba conceder el trono arzobispal a otra persona, dispuso de la finca tras la muerte del prelado y, junto con la que fue de Antonio Pérez, que también anduvo por aquí, fueron utilizadas como solar para el Hospital General y el susodicho convento de Santa Isabel. 

El caso es que en 1871 se abrió una calle que iba desde la de la Valencia a la de Argumosa, que fue dedicada al doctor Fourquet y que absorbió la antigua calle de la Yedra. Como muy bien dice Répide, “en realidad se podía haber dado el nombre de Fourquet a la vía nuevamente abierta… y dejar a la anterior su denominación tradicional”. Está claro que las decisiones extrañas de los ayuntamientos no son solo fruto de nuestra época. 

Y eso no quita que el personaje al que se dedicó la calle tuviera méritos suficientes, además de lógica espacial al encontrarse tan cerca del Hospital General y del antiguo Colegio de San Carlos. Juan Fourquet y Muñoz nació en Madrid en 1807 y se doctoró en el Colegio antes citado en 1846. Catedrático de la flamante Facultad de Medicina en 1847, fue un médico eminente, de labor callada, pionero en el uso de la microscopía e inventor de utensilios como la “bocina de cordón”, una especie de estetoscopio. Su obra, ingente, procuró ser original y no una mera traducción de tratados extranjeros. Su muerte prematura le impidió ver publicados sus abundantes escritos, tarea de la que se encargaron sus discípulos, sobre todo Juan Calleja, que sacó a la luz un Tratado de Anatomía basado en ellos entre 1869 y 1877. Una tuberculosis se llevó al doctor Fourquet el 12 de julio de 1865.

22.12.17

Doctor Esquerdo (Calle del)


José María Esquerdo y Zaragoza

Entre la plaza de Manuel Becerra y la avenida de la Ciudad de Barcelona. Distritos 3 (Retiro) y 4 (Salamanca). Barrios de Pacífico, Adelfas, Estrella, Ibiza, Niño Jesús, Goya y Fuente del Berro.

Nos encontramos con uno de los fragmentos del Paseo de Ronda, que en tiempos marcaban los límites de la villa una vez se emprendió la aventura del Ensanche. Durante muchos años no fue más que un foso en medio del campo, pero a medida que fue pasando el tiempo las edificaciones se fueron multiplicando y ya en tiempos de Répide, en sus propias palabras, el denominar de alguna manera particular la vía era una “distinción que ya se hace necesaria por el aumento de edificaciones en aquella enorme vía”.

En efecto, una avenida amplia y recta, salvo en su tramo final, que quiebra hacia el oeste, es la calle del Doctor Esquerdo. Volvemos a Répide para hacer notar, como indica el gran cronista, que en esta calle se agrupaban varias instituciones sanitarias y benéficas (como, por otra parte, fue habitual desde que se empezó a formar el Ensanche), algunas de las cuales aún hoy subsisten. Una de ellas es el antiguo Colegio de la Paz, en el número 44, hoy convertido en residencia de mayores. Diseñado por un arquitecto desconocido y construido entre 1900 y 1910, destaca en él, dando esquina a la calle de O’Donnell, la iglesia neogótica de Nuestra Señora de la Paz. Enfrente, ocupando el número 49, está el Asilo de las Hermanitas de los Pobres, un edificio de características semejantes, con el típico ladrillo visto, levantado más o menos por las mismas fechas. Justo a su lado, hacia Manuel Becerra, existe un edificio de viviendas que es obra de Secundino Zuazo, en el que destaca una pequeña y curiosísima tienda de apicultura.


El Asilo de las Hermanitas de los Pobres
(Foto CC BY-SA 3.0 Balbo)

El solar que hoy ocupa el Hospital Gregorio Marañón lo fue en su día del Hospital de San Juan de Dios, fundado por Antón Martín en la plazuela que lleva su nombre en 1552. A finales de la década de 1960 el viejo hospital fue demolido y en su lugar se alzó el que hoy conocemos, que se ha llamado de diversas maneras –alguna de las cuales no quiero recordar- hasta adoptar el nombre actual. Aun otro hospital podemos contar en nuestra calle, el de la Beata María Ana, que se halla en el número 83; se había fundado en 1888 en la calle de Atocha y tras varios traslados acabó aquí en el año 1928.

José María Esquerdo y Zaragoza, titular de la calle, fue un médico y político –parece que esta combinación era habitual en el siglo XIX- que nació en Villajoyosa el 2 de febrero de 1842. Inició sus estudios médicos en Valencia y los culminó en Madrid, donde se doctoró y se especializó en enfermedades mentales. En 1877 fundó el sanatorio psiquiátrico que lleva su nombre y aún existe en Carabanchel. En política, militó en el Partido Republicano Progresista, de su amigo Ruiz Zorrilla, y fue concejal y diputado por Madrid. En 1895, a la muerte de Ruiz Zorrilla, lo sucedió al frente del partido, aunque renunció al cargo en 1901. En 1910 fue de nuevo elegido diputado por Madrid en la candidatura republicano-socialista que incluía también a Pablo Iglesias y a Benito Pérez Galdós. Murió en Madrid el 30 de enero de 1912.

(Aprovecho esta última entrada de 2017 para desearos una muy feliz Navidad y un extraordinario año nuevo)

15.12.17

Doctor Drumen (Calle del)


Entre las calles de Atocha y Santa Isabel. Distrito 1 (centro). Barrio de los Embajadores.

Nuestra calle está en las cercanías de la antigua Facultad de Medicina de la Universidad Central, antes Real Colegio de San Carlos, y también de lo que fue el Hospital General, hoy Museo de Arte Reina Sofía. Por tanto, forma parte de las que dedicaron a médicos célebres, como es el caso de Juan Drumen y Millet, nacido en Barcelona en 1798. Doctor en Cirugía en 1821, se distinguió en diferentes epidemias que asolaron Galicia y Cataluña por aquellas fechas, lo cual le valió el reconocimiento con un nombramiento como Oficial del Ministerio de la Gobernación y más tarde médico de la Real Cámara. Catedrático de Patología Médica en Madrid, su carácter afable y su calidad docente dejaron huella en sus alumnos y en sus colegas. Fue autor de un célebre tratado de Patología Médica (1850). Miembro de la Real Academia de Medicina, fue nombrado presidente en diciembre de 1862, muy poco antes de su fallecimiento, acaecido en Madrid el 6 de febrero de 1863.

1.12.17

Doctor Cortezo (Calle del)



Entre las plazas de Jacinto Benavente y de Tirso de Molina, Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

En 1897 fue derribado el Convento de la Trinidad, del que ya se dio cumplida cuenta cuando hablamos de la calle de Atocha, y en el solar que formó su desaparición se previó la formación de una calle que unos cuantos años después aún no era tal, como se puede apreciar en el plano de Nuñez Granés (1910), pero que recibió el nombre de calle Nueva de la Trinidad por razones obvias. Al terminar la década de 1920 fue dedicada a un eminente médico y político madrileño, Carlos María Cortezo y Prieto de Orche, que nació en nuestra villa el 1 de agosto de 1850. Estudió la carrera de Medicina en el Real Colegio de San Carlos y ejerció en el Hospital de la Princesa, del que llegó a ser médico decano. También fue miembro de la Real Academia de Medicina (1891), de la que fue nombrado director en 1929, y ganó una cátedra de Fisiología en Granada que no llegó a ocupar. También se dedicó a la política: fue diputado y senador en numerosas ocasiones desde 1891 y ocupó los cargos de Director General de Sanidad (1899, 1902-04) y Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes (1905). Murió en Madrid el 24 de agosto de 1933.

24.11.17

Doctor Castelo (Calle del)



Entre la avenida de Menéndez Pelayo y la calle del Doctor Esquerdo. Distrito 3 (Retiro). Barrio de Ibiza.

Paralelas a nuestra calle están las de Menorca e Ibiza, por lo cual parecería lógico que esta se hubiese llamado de Mallorca. Pues en efecto, así fue, hasta que a principios del siglo XX se trasladó la mayor de las Baleares a las cercanías de Atocha y, aprovechando que esta calle linda por el norte con el Gregorio Marañon, antiguo Hospital de San Juan de Dios, se dedicó desde 1908 a Eusebio Castelo y Serra, célebre médico nacido en Segovia el 5 de mayo de 1825. Tras cursar el Bachillerato en su ciudad natal, estudió Medicina en el Real Colegio de San Carlos de Madrid y se doctoró en la Universidad Central en 1852. Curiosamente, su primer trabajo fue de profesor de Retórica y Poética, dadas sus dotes literarias, que cultivaría a lo largo de toda su vida. En 1857 obtuvo una plaza en el Hospital de San Juan de Dios, a cuyo desarrollo contribuyó decisivamente y del que acabaría siendo director. Asimismo fue uno de los fundadores del Museo de Anatomía Patológica. Se especializó primero en enfermedades venéreas, para luego ampliar su campo a la dermatología; su fama traspasó nuestras fronteras y tanto fue así que hasta el emperador de Alemania lo llamó para que lo tratase de sus males. En 1854 fue nombrado miembro de la Real Academia de Medicina, que llegó a presidir en 1890. Murió en Madrid el 27 de enero de 1892.

17.11.17

Doctor Carracido (Calle del)


José Rodríguez Carracido
(Retrato por Kaulak)

Entre la calle de Leganitos y la Gran Vía. Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio. 

Esta pequeña calle se abrió como consecuencia de los derribos llevados a cabo para la construcción del tercer tramo de la Gran Vía. Ya aparece trazada en el proyecto de Octavio y Sallaberry, entregado en 1904 (véase calle del General Mitre). Pero hasta más de veinte años después no se materializó. Fue dedicada a José Rodríguez Carracido, nacido en Santiago de Compostela el 21 de mayo de 1856 y fallecido en Madrid el 3 de enero de 1928. Licenciado en Farmacia, fue farmacéutico militar entre 1874 y 1880. Catedrático de Química Orgánica en la Universidad Central el año 1881, llegó a ser rector de la misma en 1926. En 1898 pasó a ocupar la primera cátedra de Bioquímica en España. También fue escritor y tuvo fama de buen orador a pesar de haber padecido tartamudez en su infancia. Fue miembro de las Reales Academias de Ciencias Exactas, de Medicina y de Farmacia y también de la Real Academia Española, en la que ocupó la silla Z. Entre sus obras más notables están un Tratado de Química Orgánica y un Tratado de Química Biológica.

27.10.17

Divino Valles (Calle del)



Entre el paseo de las Delicias y la calle de Fernando Poo. Distrito 2 (Arganzuela). Barrios de Delicias y Chopera.

Recuerda esta calle a uno de los mejores médicos de la historia de España. Francisco Valles fue bautizado en la localidad burgalesa de Covarrubias el 4 de octubre de 1524. Estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, donde obtuvo licenciaturas en Artes, Filosofía y Medicina. Fue catedrático de medicina en esa misma universidad desde 1557 hasta 1572, año en que se convirtió en médico personal del rey Felipe II, el responsable de su apodo de “divino”, que le otorgó tras aliviarle una crisis de gota. Estableció el examen de “protomedicato” para cualquier médico que quisiera ejercer en Madrid, fue el iniciador de la anatomía patológica al ser el primero en dar clases prácticas con cadáveres y también se dedicó a la destilación de sustancias medicamentosas en la botica del Monasterio del Escorial. Además, fue humanista, como no podía ser menos en su época, y como tal tradujo y comentó a Aristóteles. Murió en Burgos, donde había ido acompañando al rey, el 20 de septiembre de 1592.

22.9.17

Divino Pastor (Calle del)


El Buen Pastor, por Murillo
(Museo del Prado, Madrid)

Entre las calles de Fuencarral y de San Bernardo. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad.

Recibe su nombre nuestra calle de una quinta que hubo por estos pagos, propiedad de un tal Luis Carrillo, personaje principal de la corte de Felipe III. Debió de ser una finca magnífica, con jardines, fuentes y estatuas, en cuya entrada había una imagen de Jesús con un corderillo al hombro, iluminada siempre por dos farolillos, de ahí que se conociese como “Quinta del Divino Pastor”. 

Existe una célebre leyenda relacionada con la Quinta; es del todo inverosímil, pues la protagoniza una hija del pintor Gregorio Ferro, que nació más de cien años después de que los enemigos de Luis Carrillo redujesen a cenizas su finca. Sea como sea, narrémosla. Una de las hijas del pintor fue seducida por un malintencionado galán y abandonó su casa. Ferro, atribulado, fue a buscar consuelo en el convento de la Encarnación, cuya priora le dijo que encontraría a su hija en la senda del Divino Pastor. La joven, que no encontró al pérfido amante, se extravió y vino a dar con la Quinta del Divino Pastor. Oyó el ruido que hacía la noria y decidió arrojarse al pozo. Sin embargo, los farolillos que iluminaban la imagen llamaron su atención y, postrada ante Jesús, se arrepintió de su descabellada idea y decidió reencontrarse con su padre, que la recibió con los brazos abiertos. 

Tras la destrucción de la finca, hubo por aquí unos corrales que se siguieron conociendo como del Divino Pastor, nombre que pasó a la calle cuando se abrió.

8.9.17

Dirección (Paseo de la)


Acueducto de Amaniel
El Paseo de la Dirección sigue el trazado de esta conducción de agua.

Entre la calle de Francos Rodríguez y la avenida de Asturias. Distrito 6 (Tetuán). Barrios de Berruguete, Valdeacederas y Almenara.

Extrañísima calle esta, que me llamó la atención las primeras veces que consulté una guía de Madrid. Imaginé que lo de “dirección” tendría que ver con la enorme cantidad de veces que cambia de ella. Increíbles sinuosidades tiene el paseo, pues en gran parte de su trazado sigue el de los acueductos del Canal de Isabel II. Mucho tiene que ver esto con su nombre, que en principio era de Paseo de la Dirección del Canal, cuando aún abarcaba las calles que hoy se llaman del Doctor Federico Rubio y Galí y de Pablo Iglesias. Empezaba entonces cerca del Tercer Depósito y corría paralelo a las conducciones. Hoy en día es una vía en plena transformación, donde aún quedan algunas casas antiguas de ladrillo visto pero que poco a poco va perdiendo por completo el “aspecto campesino” que empezaba a desaparecer ya en tiempos de Répide.

14.7.17

Diego de León (Calle de)


Diego de León.
Anónimo (Museo del Ejército, Madrid)


Entre las calles de Serrano y de Francisco Silvela. Distrito 4 (Salamanca). Barrios de Castellana y Lista.

Amplia avenida que discurre de poniente a levante en la zona más noble del Ensanche, el barrio de Salamanca. Como noble y admirada fue la persona a la que está dedicada. Diego de León y Navarrete, nacido en Córdoba el 30 de marzo de 1807, provenía de una familia aristocrática –su padre, el marqués de las Atalayuelas, era “propietario” de una compañía de caballería donde Diego comenzó su carrera militar. Se destacó en la primera guerra carlista en varias acciones; en una en particular, la de Arcos, le valió la Cruz Laureada de San Fernando y en otra, la toma de Belascoain, obtuvo el título de conde. En 1838 fue nombrado virrey de Navarra y en 1840 capitán general de Castilla la Nueva. Enfrentado a Espartero, se exilió a Francia. Tomó parte en el levantamiento contra el regente que tuvo lugar el 7 de octubre de 1841, en el cual su misión era tomar el Palacio Real y apoderarse de la reina Isabel II, entonces una niña a la que faltaban días para cumplir once años. La acción fracasó gracias a la heroica resistencia de los alabarderos y Diego de León hubo de huir. Apresado cerca de Colmenar Viejo, fue condenado a muerte por un inflexible Espartero, que desoyó las múltiples peticiones de clemencia para el que era considerado por casi todo el mundo como “la primera lanza del Reino”. El 15 de octubre de 1841 fue fusilado en las cercanías de la puerta de Toledo, por un pelotón al que él mismo dio la orden de “fuego”. No pasó mucho tiempo hasta que se le honró con una importante calle en Madrid y se le considerase una especie de héroe romántico. Así somos los españoles.

30.6.17

Desengaño (Calle del)


(Foto CC BY-SA 3.0 Basilio)

Entre las calles de Valverde y de Concepción Arenal. Distrito 1 (Centro). Barrio de Universidad.

Desde el siglo XVI se debe de llamar así esta calle, aunque tuvo algún cambio. En el plano de Texeira se rotula calle del Desengaño, oy de los Basilios, lo cual indica que durante unos años, entre los siglos XVII y XVIII se conoció como calle de los Basilios. Este nombre se debe al convento de San Basilio, que estuvo aquí. Fundado junto al arroyo del Abroñigal el año 1608, hubo de trasladarse tres años después a la calle del Desengaño por lo insalubre de su primitivo emplazamiento. En 1665 se reedificó el convento, que perduró hasta la desamortización, en 1836. Después se utilizó como cuartel de la Milicia Nacional y como sede de la capitanía general; la iglesia sirvió para ubicar en ella la bolsa de comercio. Catorce años después fue definitivamente derribado y en su solar se levantó un teatro que fue primero conocido como de los Basilios, y después, Lope de Vega. En 1864 desapareció; el solar fue utilizado por la compañía La Peninsular, que construyó un edificio de viviendas y abrió una calle que se llamó de Muñoz Torrero

El nombre actual de la calle tiene un origen legendario y misterioso. Se cuenta que el príncipe Vespasiano de Gonzaga cortejaba a una bella joven que era pupila de don Diego de la Nao, cuyas casas se hallaban muy cerca de nuestra calle (véase calle de la Nao). Al parecer no era el príncipe el único galán que tenía la dama, pues nada más y nada menos que Jacopo Grattis, el Caballero de Gracia, también buscaba los favores de la joven. Un malhadado día se encontraron ambos rivales justo a la altura de nuestra calle. Relucieron los aceros y estaban prestos a cruzarse cuando ante la vista de los contendientes pasó una enigmática sombra embozada seguida de un zorro que los amenazaba con sus ojos negros y brillantes. Lejos de acobardarse, los dos caballeros decidieron aplazar su pugna y desvelar aquel misterio. La sombra se había parado junto a una tapia y parecía esperarlos. Cuando al fin la abordaron y levantaron las telas que la cubrían, vieron con espanto que no era sino un cadáver momificado. El desengaño sufrido por los galanes originó el apelativo de la calle. Pero también muy cerca de aquí estaba la quinta del conde de Vocinguerra de Arcos (véase calle de Fuencarral), y allí se reunían por aquellos entonces un grupo de conspiradores encabezados por Íñigo López de Mendoza, que eran partidarios del príncipe Don Carlos frente a su padre Felipe II. No queriendo compañía por esos contornos, pudieron inventar la historia para llenar de espanto a las gentes que hacia allí dirigiesen sus pasos. En definitiva, ahí está la leyenda, y, como muy bien dicen Peñasco y Cambronero, sirva “para poner al lector al corriente de cuantos antecedentes hemos podido reunir de las calles de Madrid, pero sin que atestigüemos su autenticidad”. 


Iglesia de San Martín
(Foto CC BY-SA 3.0 Antonio Vélez)

En el número 26 de la calle se yergue la austera fachada de ladrillo visto de la iglesia parroquial de San Martín, antiguo templo de Porta Coeli. En 1643 se fundó aquí un convento de clérigos menores de San Felipe Neri que pocos años después fue abandonado; entonces lo ocuparon otros clérigos menores, los llamados caracciolos, que ya tenían en la villa el convento del Espíritu Santo, donde hoy se levanta el Congreso de los Diputados. Desde 1648 se va ampliando poco a poco el convento, y alrededor de 1725 se levantó la iglesia actual, cuya portada está atribuida a Pedro de Ribera; Peñasco y Cambronero la consideran de mal gusto, pero hoy en día se admira como una de las buenas obras del barroco madrileño. Tras la desamortización, desapareció el convento, pero no la iglesia, a la que fue trasladada la ancestral parroquia de San Martín en 1868, después del derribo del convento del mismo nombre. La iglesia fue incendiada en 1936, y con ello se perdieron muchas obras de arte que provenían del antiguo convento benedictino.

16.6.17

Descargas (Cuesta de las)


Foto: CC BY-SA 4.0 Malopez 21

Entre la Ronda de Segovia y la calle de Algeciras. Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio.

Varias explicaciones hay para el nombre de esta cuesta. Desde la de Peñasco y Cambronero (para ellos, cuesta de la Descarga), que es “ignoramos la tradición del nombre con que se designa” hasta la de Répide, que sitúa aquí el punto en el que se efectuaban las descargas de pólvora que habitualmente acompañan a los acontecimientos importantes (corroborado esto por la imagen que ilustra el azulejo que indica su nombre). Bravo Morata da dos soluciones, la primera muy relacionada con lo que precede, pero mucho más puntillosa. Resulta que el siempre levantisco y reacio pueblo de Madrid protestaba por la pavimentación de ciertas calles que Carlos III había ordenado. Las turbas se acercaban al palacio Real y los guardias de Corps debieron efectuar una serie de descargas para disolver la manifestación. Y, ¿a qué no saben donde fueron dispersados los alborotadores? Aquí, a media milla del palacio, fuera de la cerca y en una empinada ladera. Por eso lo más verosímil de todo (aunque sin pasarse) es lo que dice Don Federico en segundo lugar, y es que los labriegos que traían sus hortalizas a la villa efectuaban la descarga de sus carros en esta cuesta aprovechando su declive.

Y ya que se ha nombrado la cerca, hay que decir que en esta cuesta se encuentra uno de los pocos restos de la tapia que colocó Felipe IV en torno a Madrid, concretamente haciendo las veces de pretil del parque de la Cornisa. Este jardín se encuentra en el solar del que fue cuartel del Rosario, vecino de San Francisco el Grande.

9.6.17

Descalzas (Plaza de las)


El monasterio de las Descalzas Reales
(Foto CC BY-SA 3.0 Luis García)


Entre el Postigo de San Martín, la calle de la Misericordia, la calle del Maestro Victoria, la calle de San Martín y la plaza de San Martín. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol.

El monasterio de las Descalzas Reales preside y da nombre a esta plaza. Se trata de uno de los edificios religiosos más importantes de la capital, repleto de historia y de obras de arte. Ocupa el lugar que tenía un palacio que en su día fue utilizado por Carlos I y que su hija doña Juana de Austria quiso convertir en convento cuando, viuda del heredero de Portugal, regresó a Madrid desde el país vecino dejando allí a su hijo, el futuro rey son Sebastián. Las monjas, franciscanas reformadas, habrían de venir de Gandía –no en vano el santo levantino Francisco de Borja tuvo también su papel en la fundación. Participaron en la transformación de palacio a convento los arquitectos Antonio Sillero, Juan Bautista de Toledo y Juan Gómez de Mora. Sufrió al menos dos grandes incendios, uno a mediados del siglo XVIII, tras lo cual fue reformado por Diego de Villanueva, y otro en 1862 que hizo desaparecer las pinturas de la bóveda, que databan de la época de la intervención de Villanueva, y el retablo de Gaspar Becerra, que era de 1565. Para sustituir este último se trajo uno que perteneció al antiguo noviciado de los jesuitas, sito en la calle de Fuencarral y entonces ya utilizado por la Universidad Central.


Retrato de Sor Ana Dorotea de Austria, por Rubens
(Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid)

Muchas mujeres de la realeza y la más alta nobleza profesaron aquí como monjas, como la infanta doña Margarita, hija de doña María, emperatriz del Sacro Imperio y sobrina de Felipe II, quien quiso desposarla, a lo que ella se negó. También (citando a Répide) habría que mencionar a la infanta Ana Dorotea, hija del emperador Rodolfo, la infanta María, hija de los príncipes de Módena y también sor Margarita de la Cruz, nieta de Felipe IV y de José de Ribera, el Españoleto. No es de extrañar, por ello, que Felipe V decretase en 1715 que la abadesa del convento ostentase el título de Grande de España.

De entre las muchas obras de arte del convento cabe destacar su rica colección de tapices flamencos urdidos según bocetos de Rubens y también la estatua orante de la princesa doña Juana, obra de Pompeo Leoni. Albergó también en su momento la Anunciación de Fra Angelico, hoy en el Prado. A diferencia de otros edificios religiosos de Madrid, fue muy cuidado durante la guerra civil, sin duda a causa de ese extraordinario conjunto de obras de arte, y los desperfectos que sufrió se debieron antes a la artillería franquista que a hordas incontroladas de milicianos.

Uno de los capellanes del convento, el padre Francisco Piquer, fue el fundador en 1702 del Monte de Piedad de Madrid, que tuvo aquí su sede, en unas casas que pertenecían al convento (antes eran de don Juan de Borja) e incluso estuvieron unidas a él por un pasadizo que pasaba por encima de la calle de la Misericordia. Aún se conserva la portada de su capilla, obra de Pedro de Ribera, ejemplo típico del barroco madrileño, en el edificio moderno que hoy pertenece a la entidad bancaria sucesora de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid.


La Plaza de las Descalzas, grabado de 1860.
Se aprecia la portada de la capilla del Monte de Piedad (a la izquierda), que es la que aún se conserva.
En primer plano, la fuente de la Mariblanca

En la plaza de las Descalzas, formando parte de una fuente, estuvo la célebre estatua conocida como la Mariblanca tras su destierro de la Puerta del Sol; también fue desterrada de aquí para que ocupase su lugar la estatua de Francisco Piquer, obra de José Alcoverro, que hoy se puede ver allí aunque despojada de su pedestal original. A su lado, la de José Vizcaíno, marqués viudo de Pontejos, fundador en 1838 de la Caja de Ahorros de Madrid. Su escultor fue Medardo Sanmartí y, como la del padre Piquer, data de 1889.

26.5.17

Desamparados (Costanilla de los)


Foto CC BY-SA 4.0 Malopez 21


Entre las calles de las Huertas y de Atocha. Distrito 1 (Centro). Barrio de las Cortes.

El nombre de esta pequeña calle deriva del colegio de Niños Desamparados del que se trató con profusión en el artículo dedicado a la calle de Atocha y allí remito a quien tenga curiosidad.

19.5.17

Delicias (Calle y Paseo de las)


El Paseo de las Delicias a finales del siglo XVIII
(Pintura de Francisco Bayeu, Museo del Prado, Madrid)

Va la calle del paseo de Santa María de la Cabeza a la calle de Méndez Álvaro. Distrito 2 (Arganzuela). Barrio de Palos de Moguer. El paseo comienza en la glorieta del Emperador Carlos V y termina en la plaza de Legazpi. El distrito es el mismo. Barrios de Palos de Moguer, Delicias, Chopera y Legazpi.

Como el nombre de la calle se debe a su proximidad al paseo, nos vamos a referir a este para hablar de su significado. Es el Paseo de las Delicias rama de uno de los “tridentes” que en el siglo XVIII se crearon al sur de la villa para su expansión. Idílico paraje debió de ser por entonces, tal y como lo retrató Bayeu, en un cuadro en el que se puede ver a majos y majas, caballeros y damas de paseo, respirando el aire puro de lo que entonces era campo, e incluso sentados a tomar el fresco o un refrigerio a la sombra. A finales del siglo, hacia 1794, había una casa de vacas, propiedad de un tal Damián Martínez que debía de ser célebre a decir de los cronistas, que se sienten obligados a hacer mención de ella. Ya en el siglo XIX empezaron a proliferar las casas y así se formaron los barrios que, según Répide, se conocieron como del Sur y del Perchel. Mediada la centuria, los planes del Ensanche de Castro destinaron a zona fabril estos parajes, algo que sin duda fue alentado por la presencia del “ferrocarril de cintura”, aún existente hogaño en el subsuelo. Las Delicias del Río (como empezó a llamarse cuando se abrió el paseo de la Castellana, cuyo nombre primitivo fue el de paseo de las Delicias de Isabel) dejaron de ser tan deliciosas, pues se trocaron en zona llena de fábricas y también de chabolas, creadas de la nada por la masa proletaria que llegó a la ciudad expulsada del campo, en busca de un medio de vida.


La Estación de las Delicias en la época de su inauguración
(Foto: Laurent)

Junto al paseo de las Delicias se levantó la primera estación de ferrocarril permanente que tuvo Madrid. Fue la línea de Madrid a Cáceres y Portugal la impulsora del proyecto, encomendado al arquitecto francés Émile Cachelievre, discípulo de Gustave Eiffel. Su estructura metálica se fabricó en Francia y se montó en Madrid bajo la supervisión de otro ingeniero francés, de apellido Vasille. Se inauguró el 30 de marzo de 1880. La estación de Delicias, como se conoce desde siempre, funcionó con pasajeros hasta el año 1969 y con mercancías hasta 1978, cuando se clausuró de forma definitiva. Ya sabemos que en estos casos se cierne siempre la sombra de la desaparición para dar paso a la especulación inmobiliaria, pero en este caso se impuso la cordura –o hubo suerte– y desde 1984 alberga el Museo del Ferrocarril, que antes tenía su sede en el Palacio de Fernán Núñez, lo cual lo incapacitaba para poder mostrar material rodante, algo que se hizo posible gracias al “reciclado” de la estación. La presencia de viejos vagones restaurados ha hecho que la estación de Delicias se utilice con profusión como plató televisivo o cinematográfico. Una curiosidad: la Guía del COAM indica que popularmente se conocía a Delicias como la “estación de las Pulgas”. Lejos de mi intención contradecir a tan docta institución, pero yo también he oído llamar así a la desaparecida estación de Goya.

12.5.17

Daoíz (Calle de)


El monumento a Daoíz y Velarde ante el arco de Monteleón
(Foto: dominio público)

De la plaza del Dos de Mayo a la calle de San Bernardo. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad.

En los terrenos que pertenecieron al antiguo parque de artillería de Monteleón –del que se tratará cuando lleguemos a la calle que lleva su nombre-, donde tuvieron lugar encarnizados combates en la gloriosa jornada del 2 de mayo de 1808, encontramos varias calles dedicadas a los protagonistas de aquellos hechos. Desde el nombre del barrio en el que nos encontramos, Malasaña, que alude al apellido de Juan y Manuela, padre e hija, héroes de aquel día –aunque el padre está “exiliado” en el callejero de la antigua villa de Vallecas-, hasta los homenajes a los militares que allí se distinguieron en su lucha contra el invasor francés. Uno de ellos fue el capitán Luis Daoiz y Torres, a quien siempre se cita relacionado con su compañero Velarde (ya hablaremos de él). Nacido en Sevilla el 10 de febrero de 1767, ingresó en el cuerpo de Artillería a los 15 años gracias a su origen noble (su padre descendía de una linajuda familia de origen navarro, en concreto de la villa de Aoiz, y su madre era hija de los condes de Miraflores de los Ángeles). Permaneció en el colegio de Artillería, cuya sede era el Alcázar de Segovia, hasta 1787, año en que fue destinado al Puerto de Santa María, localidad en la que su familia poseía fincas. Sirvió en Ceuta, Orán, el Rosellón (campaña en la que fue hecho prisionero por los franceses) y también en diversos buques de la Armada. Estando en Cuba se enteró de su ascenso a capitán y, tras su vuelta a la Península, fue destinado a Sevilla, donde se dedicó más bien a cuestiones científicas para mejorar la eficacia de la artillería. En 1807 parte de su regimiento se trasladó a Madrid y a él se le asignó el mando de batería del Parque de Monteleón. Murió tras su heroica y tenaz defensa del parque tras el asalto francés del 2 de mayo de 1808. Parece ser que, ofendido porque el general Lagrange le había llamado “traidor” atacó al francés con su sable y de inmediato los soldados invasores lo cosieron a bayonetazos. Fue enterrado en la iglesia de San Martín aquel mismo día. En 1814 sus restos, junto con los de Velarde, fueron trasladados a la colegiata de San Isidro y en 1840 al monumento de la plaza de la Lealtad, hoy dedicado a todos los caídos por España.

Se da la circunstancia de que uno de los leones que flanquean la puerta del Congreso de los Diputados recibe su nombre, en concreto el que vemos a la derecha si nos situamos frente a la fachada.

5.5.17

Cuenca (Calle de)


Catedral de Cuenca
(Foto del autor)


Entre las calles del Orden y de Cicerón. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Cuatro Caminos.

Nuestra callecita, apenas un pasaje en el que destaca la fachada de ladrillo visto de la finca que ocupa la mayor parte de la acera de los pares, está dedicada a la provincia de Cuenca, en cuyos 17.141 kilómetros cuadrados vivían con fecha 1 de enero de 2016 201.701 personas. Entre sus poblaciones, destaca la preciosa capital, en la que se encuentra una de las cuatro grandes catedrales góticas de España, con 55.102 habitantes, además de Tarancón, con 14.750, Quintanar del Rey, con 7.447, San Clemente, con 7.220 y Las Pedroñeras, con 6.716.

28.4.17

Cuchilleros (Calle de)


Arco de Cuchilleros
(Foto CC BY-SA 3.0 Tamorlan)


Entre la Cava de San Miguel y la plaza de Puerta Cerrada. Distrito 1 (Centro). Barrios de Palacio y Sol.

Comienza nuestra calle frente al célebre Arco de Cuchilleros, una de las entradas de la Plaza Mayor, donde prendió el terrible incendio que casi la arrasó por completo en 1790. Recibe el nombre porque aquí se asentó el gremio de cuchilleros y espaderos, en un lugar oportuno, pues estaba cercano a las carnicerías de la plaza. Peñasco y Cambronero señalan que en tiempos también se conoció como calle de la Cuchillería. Muy típica y turística es esta calle, que en la juventud de quien esto escribe estaba plagada de mesones donde los universitarios solíamos ir a celebrar el fin de nuestros exámenes con tortillas y chorizos a la sidra regados con enormes jarras de cerveza. Hoy en día apenas queda ninguno. Tampoco existe ya una tasca contigua al arco que exhibía un gracioso cartel: “Hemingway never ate here”, o lo que es lo mismo, “Hemingway nunca comió aquí”. Lo que sí se conserva es el célebre restaurante Botín, el más antiguo del mundo, ya que fue fundado en 1725 por un francés llamado Jean Botin, con su esposa, de origen asturiano. A su muerte fue un sobrino de ella quien se hizo cargo del negocio, de ahí el rótulo de “Sobrino de Botín” que podemos leer en él.

21.4.17

Cuatro Caminos (Glorieta de)


La Glorieta de Cuatro Caminos, con la antigua fuente de la Puerta del Sol en el centro


Entre las calles de Bravo Murillo, Artistas, Raimundo Fernández Villaverde y Santa Engracia y la avenida de la Reina Victoria. Distritos 6 (Tetuán) y 7 (Chamberí). Barrios de Bellas Vistas, Cuatro Caminos, Ríos Rosas y Vallehermoso.

Recibe su nombre esta plaza, una de las más conocidas de Madrid hoy en día, porque cuando la zona no era más que las afueras de la villa y empezaron a proliferar casas a la vera de la carretera de Francia, esto es, de la calle de Bravo Murillo, aquí se cruzaban cuatro caminos: la susodicha carretera, el paseo de Ronda y la calle de Santa Engracia, cuyo trazado rectilíneo unía y une nuestra glorieta con lo que hoy es la plaza de Alonso Martínez y en tiempos fue la puerta de Santa Bárbara. En realidad, el paseo de Ronda solo estaba trazado en los mapas, pues en lo que hoy es la avenida de la Reina Victoria lo que estaba era el llamado camino de los Aceiteros; la calle de Raimundo Fernández Villaverde tampoco existía. Hubo de pasar un tiempo hasta que desapareciera el edificio de un fielato que allí había y que la Sociedad del Metropolitano, la misma que construyó el metro, terraplenara la zona para que nuestra glorieta adquiriese una forma semejante a la actual.

Tan importante cruce de vías no tardó en verse visitado por otras, la de los tranvías de la Ciudad Lineal, que desde allí partían hacia el benemérito proyecto de don Arturo Soria, y también los que iban a la Dehesa de la Villa. Todo esto, unido al fuerte incremento de la población del barrio durante las primeras décadas del siglo XX, hizo exclamar a Répide que la glorieta de Cuatro Caminos se había convertido en una “sucursal de la Puerta del Sol”. Muchos motivos había: su animación, su bullicio, sus paseantes desocupados, los que iban de paso camino de la plaza de toros de Tetuán de las Victorias, los habitantes de la villa que venían aquí en busca de merenderos, muchos de ellos utilizando el flamante ferrocarril metropolitano, cuando aún se podía decir que casi era el campo… Otro buena razón sería haber heredado la fuente que hubo en la misma Puerta del Sol y que, antes de su emplazamiento allí, fue de la que manaron las primeras aguas del Canal de Isabel II en la calle de San Bernardo, un 24 de junio de 1858. Con el tiempo, la fuente también desapareció del centro de la glorieta de Cuatro Caminos. Es muy posible que aún se conserve y sea la que hay en la entrada de la Casa de Campo, frente al palacete de los Vargas y cerca de la puerta que lleva al puente del Rey.

Se quitó la fuente y cuando surgió la moda de los pasos elevados hubo uno que afeó bastante nuestra plaza pero que, por suerte, fue sustituido por otro subterráneo, que permitió que en su centro volviese a haber un jardín circular.

No siempre se conoció así la plaza; durante un tiempo fue dedicada a Joaquín Ruiz Giménez –así era en los tiempos en que Répide escribió su magna obra sobre el nombre de nuestras calles-, que fue alcalde de Madrid en cuatro ocasiones y de quien hablaremos más cuando lleguemos a la glorieta que se le dedicó en los Bulevares una vez fue desterrado de estos parajes.

Pocos hechos históricos relevantes se pueden narrar en relación con la glorieta de Cuatro Caminos, si bien es también Répide, como buen cronista, quien nos cuenta que en ella tuvieron lugar algunos enfrentamientos violentos durante la huelga general revolucionaria de 1917.

31.3.17

Cruzada (Calle de la)


(Foto del autor)


Entre la plaza de Santiago y la calle de San Nicolás. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

El nombre le viene a esta calle por el Tribunal de la Cruzada, del que algo comentamos al hablar de la calle de Cervantes, cuya sede estaba aquí. Subsiste la antigua casa-palacio de Domingo Trespalacios que en tiempos sirvió de residencia para su comisario, que extiende su fachada a la plaza de Ramales y a la calle de Santiago. En los años 40 del siglo pasado se convirtió en un edificio de viviendas. Hay en sus muros un par de placas que recuerdan, la una, que en su momento allí estuvieron las casas de la familia Guzmán, a la que perteneció el conde-duque de Olivares, que allí vivió, y la otra que allí falleció, el 9 de junio de 1903, el escritor y político vallisoletano Gaspar Núñez de Arce.