24.3.17

Cruz Verde (Plaza de la)



Entre las calles del Rollo, de Segovia y de la Villa. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

Nuestra plaza, que tuvo el honor de contar entre sus vecinos al gran arquitecto Ventura Rodríguez, debe su nombre al mismo hecho que la anterior: aquí la Inquisición hizo de las suyas y, cuando dejó de hacerlo, una cruz de color verde lo recordó quién sabe con qué propósito. Lo más significativo que tiene es la monumental fuente que hay en su parte septentrional, en la que destaca una estatua de Diana que fue aquí trasladada en 1850, procedente de la fuente que hubo en Puerta Cerrada. La fuente se apoya en una pared que linda con la huerta del desaparecido convento del Sacramento.

17.3.17

Cruz Verde (Calle y Travesía de la)


(Imagen: CC BY-SA 3.0 Asqueladd)

Entre las calles de la Luna y del Pez. Va la travesía de la calle de las Tres Cruces a la de San Bernardo. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

Estrecha, rectilínea y un tanto destartalada es nuestra calle, que debe su nombre al ominoso hecho de haber sido un paraje en el que daba cumplimiento la Inquisición sus sentencias; si bien se dejó de hacer esto durante el reinado de Felipe II, al trasladarse el quemadero más al norte, fuera de la puerta de Fuencarral, en tiempos fue recordado por una cruz de madera pintada de verde que permaneció bastantes años por aquí. 

Peñasco y Cambronero nos dicen que antes de ostentar su nombre actual se denominó calle de las Tres Cruces. La travesía, un brevísimo espacio que en su día tuvo una fuente, se llamó en tiempos calle del Nabo, pues en esta zona se estableció el punto de venta de esta hortaliza dentro de un mercado de frutas y verduras al aire libre que se mantenía a lo largo de la calle Ancha de San Bernardo. Cuando esta práctica desapareció, se decidió que tomase el nombre, ya como travesía, de su calle vecina.

3.3.17

Cruz (Calle de la)



Entre las plazas de Canalejas y de Jacinto Benavente. Distrito 1 (Centro). Barrios de las Cortes y de Sol.

A nuestra pobre calle, que ostenta su nombre desde el siglo XVII, le suelen desear la desaparición los cronistas de cabecera de esta obra. Ya en el siglo XIX debía de sufrir esta zona una gran congestión de tráfico y así Peñasco y Cambronero se lamentan de que cuando se ensanchó el barrio al derribarse el coliseo que da nombre a la vía –y del que pronto hablaremos- no se hubiese llevado a cabo un proyecto más ambicioso, con más derribos, que “evitara la aglomeración de gente” que se solía producir por estos pagos. Treinta años después, Répide no es más misericordioso, pues nos dice que la calle es demasiado estrecha para la circulación que soporta y que más valdría que hubiese desaparecido para que se hubiese prolongado la calle de Sevilla hacia el suroeste.

Pero no pasó nada de esto y la calle sigue ahí. Le viene el nombre de un corral de comedias que hubo por aquí, que era regentado por una de las muchas cofradías religiosas que tuvo la villa, en concreto la del Cristo de la Piedad o de la Cruz. La hermandad hacía representar en ese corral, en principio un recinto alquilado, obras teatrales durante la Pascua y destinaba la recaudación a sufragar los gastos de la procesión del Jueves Santo. Répide nos hace un detallado relato de la historia de tal Hermandad y del motivo por el que se disolvió; a los más curiosos remito a la imprescindible obra de D. Pedro para ilustrarse. Lo que más nos interesa aquí es que en el siglo XVIII el concejo madrileño adquirió el solar y sobre él edificó un teatro que fue conocido como de la Cruz. Poco duró, pues fue derribado hacia 1860. No sintieron mucha pena por ello Peñasco y Cambronero, ya que el arquitecto había sido su “odiado” Pedro de Ribera. La desaparición del teatro permitió que prolongase la calle de Espoz y Mina creando así una comunicación directa entre la plaza del Ángel y la Puerta del Sol.

También D. Hilario y D. Carlos hacen constar la afirmación de Fernández de los Ríos, según la cual en el solar del que hemos hablado en los párrafos anteriores hubo en tiempos ancestrales un cerrillo coronado por una cruz que dio su nombre a corral, teatro y calle.

24.2.17

Cristóbal Bordiu (Calle de)

Entre las calles de Bravo Murillo y de Agustín de Betancourt. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Ríos Rosas. 

Esta calle del Ensanche norte fue dedicada en un principio a la Beata María Ana de Jesús, como ya comentamos en la plaza dedicada a esta religiosa madrileña. Allí también hablamos de la discrepancia existente entre Répide, que dice que el cambio de nombre se llevó a cabo el 11 de octubre de 1875, y Peñasco y Cambronero, que en su obra, escrita en 1889, aún llaman de la Beata María Ana a esta calle. 

Sea cual fuere la fecha, el caso es que ahora está dedicada al político zaragozano Cristóbal Bordiú y Góngora, nacido en 1798, ingeniero de minas, canales y puertos de formación, hidrógrafo de vocación, que fue diputado por Almería (ciudad en la que se había establecido) y por Calatayud y, una vez trasladado a Madrid, director general de Agricultura, de Industria, de Comerico y de Obras Públicas y ministro de la Gobernación. A él se debe la Ley de Minas de 1849 y a eso atribuye Répide el honor, ya que la Escuela de Minas se halla cerca. Bordiú murió en Madrid en 1872.

17.2.17

Cristo (Calle del)


Entre las calles de Amaniel y del Limón. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

Se trata de una calle, corta y peatonal, que debe su nombre a una imagen de Cristo crucificado que había en las tapias de la quinta de don Juan de Azmiscueta, que por aquí andaba (esto según Répide, pues Peñasco y Cambronero hablan de un cierto “consejero Contreras” como dueño de la finca). Répide hace venir por aquí al rey Felipe IV en compañía de don Luis de Haro –heredero de su tío el conde-duque de Olivares como valido– para comprobar que en la susodicha finca se reunían algunos conspiradores contra su persona. Dicen nuestros cronistas que cuando desapareció la quinta del caballero que fuese –Azmiscueta o Contreras–, el crucifijo se llevó a la iglesia de las Maravillas, aunque en la descripción que de sus joyas –y no tan joyas– artísticas hizo Elías Tormo muy poco después de la publicación de los artículos de Répide no se hace mención alguna de él.

10.2.17

Cristino Martos (Plaza de)


Entre las calles del Conde Duque, del duque de Osuna, de la Princesa y del duque de Liria. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

Durante muchos años se conoció este paraje como plaza de los Afligidos, ya que aquí se encontraba el convento de San Joaquín (de padres premostratenses, como el que hubo en lo que hoy es la Gran Vía), donde se veneraba una imagen de la Virgen de los Afligidos. El monasterio fue fundado en 1610 y perduró hasta finales del siglo XIX, si bien Répide comenta que en su época (los años 20 del siglo pasado) aún se conservaba la fachada principal. Hoy en día la plaza está, en tres de sus cuatro lados, ocupada por edificios más o menos modernos y el cuarto lado, abierto, da a la calle de la Princesa, situada un poco más abajo. 

Desde el 27 de febrero de 1895 la plaza lleva el nombre de Cristino Martos y Balbi, abogado y político español nacido en Granada el 13 de septiembre de 1830. Participó en varias de las diversas revoluciones y pronunciamientos que salpican la mitad del siglo XIX en España, lo cual le supuso una condena a muerte y el exilio y, más adelante, un nombramiento político, en concreto la presidencia de la Diputación Provincial de Madrid, en 1868. Diputado desde 1869, fue ministro de Estado entre 1869 y 1870. Dos veces más ocupó este cargo durante el reinado de Amadeo de Saboya y también fue ministro de Gracia y Justicia durante la Primera República. Asimismo ocupó el cargo de presidente del Congreso de los Diputados en dos ocasiones, entre febrero y marzo de 1873 y entre mayo de 1886 y junio de 1889. Murió en Madrid el 17 de enero de 1893.

27.1.17

Covarrubias (Calle de)


Diego de Covarrubias, por El Greco
(Museo del Greco, Toledo)

Entre las calles de Sagasta y Luchana. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Trafalgar. 

Nos dice Répide que estos parajes se llamaron en su momento el “campo del tío Mereje”, denominación un tanto castiza que cuadra poco con las casas muy burguesas que hoy encontramos en las aceras de nuestra calle, que está dedicada a un importante jurista y eclesiástico español del siglo XVI. Diego de Covarrubias y Leyva nació en Toledo el 25 de julio de 1512, aunque pronto se trasladó a Salamanca, donde estudió leyes y en cuya Universidad obtuvo una cátedra en 1540. Fue oidor en la Real Chancillería de Granada entre 1548 y 1559 y ocupó dos sedes episcopales: Ciudad Rodrigo (1560-64) y Segovia (1560-77). Tuvo una importante participación en el Concilio de Trento y, como jurista, se destacó como antiesclavista en relación con los indígenas americanos. En septiembre de 1577 fue nombrado obispo de Cuenca, pero no llegó a tomar posesión, pues murió en nuestra villa el día 27 de ese mes.

20.1.17

Coruña (Calle de La)


Foto: CC BY-SA Edmar Lastra Castillejos

Entre las calles de Bravo Murillo y de la Infanta Mercedes. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Cuatro Caminos.

Poca historia podemos contar de esta calle, la mayoría de cuyos edificios son bastante modernos. Está dedicada a la provincia de La Coruña, o A Coruña, que es su nombre oficial, que el 1 de enero de 2016 tenía 1.122.799 habitantes, según el INE. En su capital, la ciudad del mismo nombre, residen 243.978 almas. Hay que citar otras dos importantes poblaciones de la provincia, Ferrol, con 68.308 habitantes y base naval de primer orden y Santiago, con 95.966 vecinos y no solo importantísimo lugar de peregrinación cristiano, sino capital de Galicia.

13.1.17

Cortes (Plaza de las)


Palacio de las Cortes, sede del Congreso de los Diputados
(Foto CC BY-SA Paco López)

Entre la Carrera de San Jerónimo y la plaza de Cánovas del Castillo y las calles de Fernanflor, del duque de Medinaceli, de San Agustín y del Prado. Distrito 1 (Centro). Barrio de las Cortes.

Este amplio espacio que desembocaba en el Salón del Prado proveniente de la Puerta del Sol ya aparece con una forma muy semejante a la actual en el plano de Texeira, pero carece de nombre. De varias maneras se denominó hasta que a mediados del siglo XIX, levantado en ella el edificio de las Cortes, pasó a ser conocida como hoy en día. Calzada del Espíritu Santo, plaza de Santa Catalina, de Cervantes, del Estamento de Procuradores… Diferentes edificios –o los usos que a ellos se dieron- han marcado la nomenclatura de este paraje situado como frontera entre dos marañas de calles.

El primero de los nombres citados hace alusión al convento del Espíritu Santo, que desde finales del siglo XVI ocupaba el espacio de la actual sede del Congreso de los Diputados. Su iglesia, que databa de 1648, quedó casi destruida durante un incendio en 1823, lo cual no impidió que once años después, muerto Fernando VII, se eligiese como lugar de reunión del Estamento de Procuradores previsto por el Estatuto Real de 1834 –y que le dio el último de los nombres que antes se han citado. Mesonero Romanos, un tanto airado, critica que posteriormente se eligiese este mismo emplazamiento para levantar el edificio actual. Según él, el gobierno progresista de 1841 que tomó la decisión lo hizo sólo para eliminar la memoria tanto del convento como de ese Estamento de Procuradores y por lo tanto se perdió una buena oportunidad de situar una institución tan importante en un lugar mucho más vistoso y adecuado –Mesonero menciona los lugares donde hoy se hallan el Hotel Ritz o el jardín del palacio de Buenavista, en la esquina entre Alcalá y Recoletos, como buenas alternativas.

Sea como fuere, en 1842 la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando convocó un concurso para levantar el edificio, que ganó Narciso Pascual y Colomer. Se construyó entre 1843 y 1850 y el 3 de noviembre de este último año se celebró solemnemente la primera sesión. En el frontón, bajo el relieve de Ponciano Ponzano, durante mucho tiempo apareció, como ahora, el rótulo “Congreso de los Diputados”, con la salvedad de las dictaduras de Primo de Rivera, cuando ahí se podía leer “Asamblea Nacional” y la franquista, en la que se cambió por “Cortes Españolas”. En los años 80 del siglo pasado se añadió un nuevo edificio hacia la carrera de San Jerónimo, de factura muy moderna y sobre el cual casi prefiero reservarme la opinión.

Unas líneas más arriba se ha mencionado que esta plaza también se llamó en tiempos de Santa Catalina, y ello es así porque aquí hubo un convento de monjas dominicas con este nombre. Se trata de una institución muy viajera, ya que se fundó hacia 1510 en una casa situada en lo que hoy es la plaza de Oriente. En 1574 se trasladaron por primera vez, a la plaza de los Mostenses, de donde se marcharon, por orden del duque de Lerma, en 1610 para ocupar lo que hasta entonces había sido el Hospital General, en la actual plaza de las Cortes. El monasterio perduró aquí hasta que en 1808 fue derribado por los franceses y sustituido por una manzana de casas –las monjas se volvieron a trasladar. Actualmente hay en su lugar, entre otras cosas, un hotel de lujo, además del Consejo General del Colegio de Médicos y, en la misma manzana pero dando ya a la Carrera de San Jerónimo, la embajada de México.


La estatua de Cervantes en la plaza de las Cortes
(Foto: CC BY-SA Paco López)


En este espacio triangular, algo más ancho, de la plaza, se encuentra la estatua de Cervantes, que en su momento también le dio nombre. Fue erigida por iniciativa de Manuel Fernández Varela, Comisario General de Cruzada, a quien también vimos costeando la placa de la casa en la que vivió el Príncipe de los Ingenios españoles (véase la calle de Cervantes). Obra de Antonio Solá, situada sobre un pedestal de Isidro Velázquez con relieves de Isidro Piquer, se levantó en 1834. En el año 2005 se acometieron unas obras de reforma de toda la plaza que, como siempre en el casco antiguo, implicaron una prospección arqueológica que dio como resultado, el 5 de diciembre de 2009, el hallazgo, bajo el pedestal de la estatua, de una caja de plomo que contenía una edición del Quijote en cuatro tomos publicada en 1819, una biografía de Cervantes, monedas de la época, un ejemplar del Estatuto Real, periódicos, láminas y otros documentos. Se trata del típico conjunto de materiales contemporáneos que se colocan en un monumento o edificio en el acto de poner la primera piedra, aunque la prensa se apresuró a ponderar ampulosamente el hallazgo de esa “cápsula del tiempo”.

Ya al final de la plaza, junto al Prado, nos encontramos, por un lado, el edificio del Hotel Palace, uno de los más lujosos de Madrid, que fue levantado entre 1910 y 1913 según un proyecto de Eduardo Ferrés y Puig que fue posteriormente modificado por el belga Leon Monnoyer y por ingenieros pertenecientes a la empresa propietaria, también belga. Ocupa el terreno en el que a finales del siglo XVII levantó su palacio el duque de Lerma; fue heredado después por el de Medinaceli y se convirtió en una de las posesiones más grandiosas y lujosas de la villa. Su decadencia comenzó con la ocupación francesa, durante la cual los invasores se incautaron de él y provocaron numerosos destrozos. Desde mediados del siglo XIX, además, empezó a perder terreno, ya que a través de la finca se abrieron las prolongaciones de las calles de Lope de Vega y Cervantes y la apertura de la calle que justo lleva el nombre del duque de Medinaceli. Lo último que subsistió fue el palacio, que fue derribado poco antes del comienzo de las obras del hotel.

Por otro lado, y enfrente del Palace, está el palacio de Villahermosa, que alberga el Museo Thyssen y que por estar su entrada por el Paseo del Prado se hablará allí de él.

30.12.16

Correo (Calle del)


(Foto del autor CC BY-SA 3.0)

Entre la Puerta del Sol y la plaza de Pontejos. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol. 

Recibe su nombre esta calle por ser lateral al edificio que hoy es sede de la Comunidad de Madrid pero que en su origen fue creado, en el reinado de Carlos III, como sede del servicio de correos, con lo cual, el portalón que da a esta calle fue atravesado en muchas ocasiones por la gente que acudía a ver si había recibido alguna misiva de sus seres queridos o no tan queridos, y también por los carruajes que entraban y salían con su carga de cartas, paquetes y otros objetos postales. 

Por desgracia esta calle también se hizo célebre por el sangriento atentado terrorista de ETA que el 13 de septiembre de 1974 destrozó la cafetería Rolando, que estaba ubicada en el número 4, y mató a 13 personas inocentes. Por entonces, el antiguo edificio de Correos estaba ocupado por la Dirección General de Seguridad.

16.12.16

Cordón (Calle y Plaza del)


(Foto: Pedro Reina)


Va la calle de la plaza de la Villa a la calle de Segovia. La plaza, además de su calle, está entre las de San Justo y el Doctor Letamendi. Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio.

El nombre viene en ambos casos del mismo sitio: hubo aquí una casa en cuya fachada había un adorno en forma de cordón. Ahora bien, ¿cuál era la casa? Eso es otra cosa. Nos dice Mesonero Romanos que era una propiedad de los condes de Puñonrostro, derribada por ruinosa a mediados del siglo XIX, que había servido de prisión para Antonio Pérez (de la que, por cierto, escapó). Sin embargo, la Guía del Colegio de Arquitectos de Madrid llama Casa del Cordón al palacio dieciochescho que levantó un arquitecto desconocido y preside la plaza. Si queremos aún más confusión, se añade una leyenda ya narrada por Peñasco y Cambronero que nos dice que el cordón, y además bien gordo y de piedra de Colmenar, se hallaba en la casa de un tal Juan Delgado, que había perdido el morrión en la batalla de Almansa, posiblemente porque su cordón fuese demasiado chico.

En el caso de la calle, hay que decir que hasta 1835 tuvo otros nombres. En el plano de Texeira, el tramo entre la plaza de la Villa y la plaza del Cordón se llama algo así como calle del C. de los Arcos y en el de Lotter (de principios del siglo XVIII y copia del anterior) de los Arces, seguramente una mala redacción de calle de los Azotados, ya que era el camino que tomaban los condenados a este castigo que salían de la Cárcel de la Villa.

25.11.16

Conde Duque (Travesía del)


El duque de Berwick


Entre las calles de Amaniel y de las Negras. Iguales distrito y barrio que la anterior.

En el plano de Texeira solo figura el nombre de San Benito en el trazado de esta calle, pero a decir de Peñasco y Cambronero además comprendía otras dos, la de San Dimas (entre las calles del Conde Duque y de las Negras) y la del Medio Cuartillo (hoy desaparecida y ocupado su terreno por los jardines del palacio de Liria). Cuando existía esa parte de la calle, había una explanada a las espaldas del cuartel del Conde Duque que recibía el nombre de plaza de Vervic, lo cual refuerza la teoría de que el nombre tanto de esta vía como de la anterior se debe antes al duque de Berwick que al conde-duque de Olivares. Durante un tiempo, el trecho que en su día se llamo calle de San Dimas se dedicó al héroe liberal Torrijos, que tan mala suerte ha tenido en el nomenclátor municipal.

7.10.16

Conde Duque (Calle del)


Puerta del Cuartel del Conde-Duque, una de las joyas del barroco castizo
(Foto CC BY-SA Luis García)


Entre la plaza de Cristino Martos y la calle de Alberto Aguilera. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad.

Nuestra calle se llama de San Juan Bautista en el plano de Texeira; durante mucho tiempo los cronistas nos indicaron que el nombre actual derivaba de haber tenido allí un palacio el conde-duque de Olivares, célebre valido de Felipe IV, y ello a pesar de no existir vestigio de tal palacio y tal finca en los planos habitualmente consultados (debía de ser inmensa si en su seno se iban a construir más adelante el cuartel del Conde-Duque y el palacio de los duques de Liria) Por ello hoy en día se cree que se debe más bien a que la propiedad de esos terrenos recaía, en la época en que empezó a construirse el cuartel, en Jacobo Fitz-James Stuart y Colón de Portugal, que, entre sus muchos títulos nobiliarios, ostentaba los de conde de Lemos y duque de Berwick. De hecho, su familia (hoy la casa de Alba) retuvo tal propiedad hasta 1943.

El caso es que en 1717 Felipe V dispuso que se construyese un cuartel para la guardia de corps, esto es la que protegía la persona del rey. Fue su alarife Pedro de Ribera, uno de los máximos exponentes del barroco madrileño que tan denostado fue en su día; Pascual Madoz se permite decir de la magníficamente decorada puerta que en su parte alta “se ve una pelleja puesta así como á secar” en la que figura el nombre del rey Felipe V. Acabaron las obras en 1757 y durante muchos años fue el edificio más grande de la villa. En él fue guardia Godoy antes de su vertiginoso ascenso, en él también estuvo Simón Bolívar como joven subteniente y de él salió la desgraciada algarada militar del 7 de octubre de 1841 contra la regencia de Espartero que costó la vida a Diego de León.

El 6 de mayo de 1869 sufrió un terrible incendio; estuvo largos años abandonado hasta que fue adquirido por el Ayuntamiento en 1969. Un par de lustros hubo que seguir esperando –tras dos amenazas de derribo, una anterior a la compra por el Concejo, en 1962, y otra en 1973, para construir en su lugar una especie de palacio de festivales- hasta que se llevase a cabo una restauración, firmada por Julio Cano Lasso, que se hizo el año 1981. Ya en 1983 se trasladó aquí la Hemeroteca Municipal; hoy en día también alberga el Archivo Municipal y el Museo Municipal de Arte Contemporáneo, además de numerosas actividades culturales como conciertos, exposiciones o representaciones teatrales.

En el cruce de nuestra calle con la de Santa Cruz de Marcenado hubo desde 1625 un portillo conocido precisamente como del Conde Duque, que por las descripciones que de él nos han llegado, no supuso una gran pérdida cuando fue derribado en 1868.

23.9.16

Conde del Valle Súchil (Plaza del)

Escudo de armas de Súchil, localidad del estado de Durango (México)
(Autor: Yavidaxiu)

Entre las calles de Arapiles, Rodríguez San Pedro y Alberto Aguilera. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Arapiles. 

Nuestra plaza, una alargada franja ajardinada que rompe un tanto la cuadrícula del Ensanche por la zona de Arapiles, se fue formando poco a poco, primero la parte meridional, es decir, entre las calles de Rodríguez San Pedro y de Alberto Aguilera, y más tarde el resto, que ocupa terrenos que en su día pertenecieron a las grandes cocheras de tranvías que hubo por esta zona. Tampoco andaba muy alejado el cementerio General del Norte, uno de los abiertos por José Bonaparte en beneficio de la higiene ciudadana y también uno de los primeros en desaparecer tras su clausura en 1884. 

Lleva el nombre de un alcalde de Madrid, José María de Garay y Rowart, tercer conde del Valle Súchil, nacido en la localidad onubense de Calañas el 16 de octubre de 1869, que asumió el mando de la villa, siendo teniente de alcalde, por orden real el 22 de marzo de 1922. A pesar de que solo fue alcalde durante unos meses (hasta el 18 de diciembre) y que su modo de designación hizo que la oposición fuese feroz, consiguió ganarse la simpatía popular por el celo que demostró en el fomento de la instrucción pública en Madrid. Además, también se le ha de recordar por el impulso que dio al segundo tramo de la Gran Vía, al que se dio el nombre de Pi y Margall. Fue varias veces diputado por Madrid y por Palencia y senador vitalicio; llegó a ser vicepresidente de esa cámara. Murió en Madrid el 11 de septiembre de 1940.

9.9.16

Conde de Xiquena (Calle del)


Foto CC BY-SA Carmen Voces

Entre las calles de Prim y de Bárbara de Braganza. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Justicia. 

Poca historia tiene nuestra calle, de la que nuestros cronistas de cabecera indican que en su día se llamó de los Reyes Alta, aunque lo de “alta” yo no lo encuentro en el plano de Texeira sino aplicado a la perpendicular del Almirante, que allí se llama del Escurial alta. Sea como fuere, con el tiempo cambió su denominación por la de calle de las Salesas, al ir a parar justo al monasterio de ese nombre. El 12 de julio de 1901 el Ayuntamiento decidió que recordase a José María Álvarez de Toledo y Acuña, primer conde de Xiquena, que nació en París el 6 de agosto de 1838. Varias veces diputado y senador, presidente del Consejo de Estado, dos veces ministro de Fomento, dice con acierto Répide que seguramente lo que movió al Concejo a dar su nombre a esta vía fue su etapa o, mejor dicho, sus etapas como gobernador civil de Madrid (1881-83 y 1885), en las que según D. Pedro llevó a cabo su actuación “más popular y conocida”. Murió en Madrid el 18 de agosto de 1898.

2.9.16

Conde de Toreno (Plaza del)


El VII Conde de Toreno, por Manuel San Gil y Villanueva
(Museo del Prado, Madrid)

Entre las calles de Amaniel, Reyes, Álamo y San Bernardino. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad.

Esta minúscula placita, apenas un ensanchamiento entre las calles de Amaniel y San Bernardino, lleva en el plano de Texeira el nombre de plaza del Gato. Le venía este apelativo de la época en la que esta zona era salvaje, un coto de caza en el que cierta vez se cobraron un gran gato montés cuya piel, a modo de trofeo, fue expuesta en una cabaña, lo cual dio al paraje el apelativo de Montecillo del Gato y más tarde, al levantarse casas, se convirtió en plazuela. Sin embargo, más adelante cambió de denominación y pasó a conocerse como plaza de las Capuchinas. La razón fue el convento que hubo aquí durante muchos años, en el lado de la calle de San Bernardino. Fue fundado en 1617 en la calle del Mesón de Paredes y diez años más tarde se trasladó aquí. Perduró hasta finales del año 1976, cuando desapareció, no sin polémica, para dar paso a edificios de viviendas y las monjas se trasladaron a Alcobendas.

Desde el 11 de abril de 1890 la plaza mudó su nombre para ser dedicada al VII conde de Toreno, José María Queipo de Llano y Ruiz de Sarabia, que nació en Oviedo el 26 de noviembre de 1786. Formó parte de las Cortes de Cádiz y fue uno de los principales impulsores de la Constitución de 1812, lo que le valió el exilio a la vuelta de Fernando VII, en 1814. Durante el Trienio Constitucional volvió a España y llegó a ser presidente de las Cortes, pero en 1823 hubo de exiliarse de nuevo y no regresó hasta la amnistía dictada por María Cristina a la muerte de Fernando VII. Fue ministro de Hacienda y luego presidente del Gobierno entre junio de 1834 y junio de 1835. En 1840 volvió a París, donde había pasado gran parte de su exilio, y allí murió el 16 de septiembre de 1843. Répide indica que su palacio madrileño estuvo muy cerca de esta plaza, en la calle de San Bernardino; es probable que más bien se refiera al del marqués de Santa Cruz, que aún subsiste, si bien convertido en edificio de viviendas.

Una placa que se puede contemplar en la fachada del Instituto de Enseñanza Secundaria “Cardenal Cisneros” que da a esta plaza nos recuerda que allí estuvo la casa en la que vivió los primeros años de su estancia en Madrid el gran jurisconsulto y pensador asturiano Gaspar Melchor de Jovellanos.

5.8.16

Conde de Romanones (Calle del)



Entre la calle de la Concepción Jerónima y la plaza de Tirso de Molina. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

El primitivo nombre de esta calle fue el de Barrionuevo, como se ve en los planos antiguos, pero en el de Texeira aparece designando así el último tramo de la calle de la Concepción Jerónima. Le vino porque en época del Conde-Duque de Olivares, es decir, en el primer tercio del siglo XVII, se estaba construyendo aquí, a iniciativa suya, el colegio de Santo Tomás. Acto seguido, promovió que se crease aquí un barrio nuevo y de ahí adoptó la vía su denominación.

En tiempos fue famosa una bodega que en ella había, a la espalda del desaparecido convento de dominicos de Santo Tomás y dependiente de él, en la que el vino se servía con unos artilugios conocidos como “órganos”, hechos de estaño y con un mecanismo tanto para refrigerar el caldo como para servirlos en una dosis determinada. Parece ser que en la localidad de Móstoles era también habitual ver estos aparatos en más de una bodega, y en tiempos tuvieron fama tanto los “órganos de Móstoles” como los de Barrionuevo. En cualquier caso, desaparecieron por orden del superior general de los dominicos en una visita que realizó a Castilla, pero su fama perduró.

El 1 de agosto de 1899 decidió el Ayuntamiento dedicar esta calle a Álvaro de Figueroa Torres, primer conde de Romanones. Nacido en Madrid el 9 de agosto de 1863 en el seno de una muy acaudalada familia, entró en política desde muy joven en el Partido Liberal (fue diputado por Guadalajara ininterrumpidamente desde 1888 hasta 1936). Fue presidente del Congreso (1910-12) y del Senado (1923), varias veces ministro y presidente del Gobierno en tres ocasiones (1912-13, 1915-17 y 1918-19). Asimismo fue concejal y dos veces alcalde de Madrid (en 1894-95 y 1897-99). Fue el único diputado monárquico en las primeras Cortes de la II República, en las que defendió al rey Alfonso XIII. Al comienzo de la guerra civil marchó a Francia, pero regresó a la zona sublevada en 1937; no volvió a participar en política aunque presidió hasta su muerte la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Escribió numerosas obras sobre política e historia, además de sus memorias. Murió en Madrid el 11 de septiembre de 1950.

15.7.16

Conde de Peñalver (Calle del)


El fusilamiento de Torrijos (Gisbert)
Museo del Prado, Madrid.

Entre las calles de Alcalá y Francisco Silvela. Distrito 4 (Salamanca). Barrios de Goya y Lista.

Nuestra amplia avenida, una de las principales del Ensanche en el barrio de Salamanca, tiene una historia un tanto azarosa. Su primer nombre fue calle de Torrijos, en conmemoración del general liberal cuyo fusilamiento, en 1831, fue inmortalizado en un célebre cuadro por Antonio Gisbert. En 1941 se le dio el nombre del conde de Peñalver, al cual se desterró de su anterior y más lógica ubicación, en el primer tramo de la Gran Vía, ya que aquella otra calle se iba a dedicar a uno de los “mártires de la causa” de los vencedores de la guerra civil. Pocos años antes, al empezar la guerra, el edificio que hoy ocupa el número 53, es decir, la Fundación Fausta Elorz, una residencia de ancianos regida desde 1914 por las hermanas de la Caridad, había sido incautado para servir de prisión para hombres, la tristemente célebre “cárcel de Torrijos” donde, por ejemplo, estuvo preso y condenado a muerte entre 1939 y 1941 el poeta Miguel Hernández.


Fundación Fausta Elorz
Foto CC Luis García

Pero no nos detengamos solo en hechos luctuosos. Algunos otros edificios interesantes tiene y tuvo nuestra calle en sus aceras. Empezando por donde se debe, es decir, desde la calle de Alcalá, el primero que nos encontramos es, en el número 8, uno en el que actualmente hay una tienda de una cadena de ropa, pero que en su día fue el cine Salamanca, una obra del año 1935 cuyo autor fue Francisco Alonso Martos y es una buena muestra del racionalismo madrileño, en la estela del cine Barceló, uno de sus paradigmas.


El antiguo cine Salamanca
Foto CC Luis García

Si seguimos andando por la misma acera, en el número 40 nos encontraremos con la ultramoderna fachada de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas, levantada entre 1967 y 1970 por Cecilio Sánchez-Robles Tarín, que incluye el convento del Rosario. Fue este fundado por los padres dominicos en 1623 y primero se ubicó en la calle de la Luna; en 1643 se trasladó a la calle Ancha de San Bernardo y posteriormente pasó a estar aquí, en un edificio de estilo neogótico obra de Carlos de Luque López (autor de la fachada del oratorio del Caballero de Gracia que da a la Gran Vía) y que desapareció para dar paso a lo que hoy podemos ver. Junto a la iglesia y el convento, en la esquina con la calle de don Ramón de la Cruz, estuvo el palacete de los marqueses de Monasterio, herederos de quienes en el siglo XVII propiciaron la instalación del convento en San Bernardo, como antes se ha dicho, en una casa que habían preparado para albergar a monjas capuchinas y que estas nunca llegaron a habitar.


Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas
Foto: Zarateman

En la acera contraria, en la manzana siguiente a la que ocupa la residencia de ancianos de la Fundación Fausta Elorz, estuvo el convento de carmelitas descalzas de Santa Ana, que había sido fundado en 1586 por San Juan de la Cruz en el terreno de la plaza que hoy se llama precisamente así, de Santa Ana, y que José Bonaparte mandó derribar en 1810. Las monjas primero se trasladaron al convento de Santa Teresa y luego vinieron aquí, en una época en la que estos parajes todavía eran los últimos confines de la villa. El convento fue saqueado y destruido durante la guerra civil, a cuyo final volvieron a él las religiosas y lo intentaron reconstruir, pero, rodeadas ya del bullicio de la ciudad, decidieron abandonarlo y trasladarse a la más tranquila calle del General Aranaz, en el año 1959, donde aún sigue.



Nicolás de Peñalver y Zamora nació en La Habana (Cuba) el 4 de diciembre de 1853, en el seno de una familia noble establecida en las Américas desde el siglo XVII. Miembro del Partido Conservador, varias veces diputado y senador, tres veces alcalde de Madrid (en 1892, 1895-96 y 1907-09), fue uno de los principales impulsores del proyecto de la Gran Vía, por lo cual se otorgó su nombre al primer tramo, el que va desde la calle de Alcalá hasta la Red de San Luis –de ahí que al principio de este artículo se haya dicho que esta ubicación era más “lógica”. A tal efecto se colocó una placa, que aún se conserva, en el edificio de la Gran Peña, en la cual, donde ponía “Avenida del Conde de Peñalver” pone ahora “A la memoria del Conde de Peñalver”. Ya hemos contado la historia del cambio de nombre y volveremos sobre ello cuando lleguemos a la Gran Vía.


Foto CC Tamorlan

El más célebre de los condes de Peñalver, al que además del empujón al proyecto de la Gran Vía se debe, entre otras cosas, la creación de la Banda Municipal, murió en nuestra villa el 5 de febrero de 1916.

8.7.16

Conde de Miranda (Calle y Plaza del)


Detalle de la puerta del Convento de las Carboneras
Foto: Zarateman

Va la calle de la plaza de San Miguel a la del Conde de Barajas. La plaza se encuentra entre las calles de su mismo nombre, del Codo y de Puñonrostro. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

Aparece, pero sin nombre, la plaza en el plano de Texeira y la calle se rotula allí de San Miguel. En el de Espinosa la plaza ya lleva su nombre actual y la calle está casi completamente comprendida en ella. En ambos casos el nombre tiene el mismo origen: el palacio llamado de Cárdenas, que fue posesión de los condes de Miranda y antes de los de Barajas. Ese edificio, que desapareció en el primer cuarto del siglo XX, era conocido como Casa de los Salvajes, por dos figuras que adornaban su balcón y eran tomadas como tales por los viandantes. Según Peñasco y Cambronero, este remoquete incluso dio nombre a la plaza en tiempos y asimismo llegó a ostentar el de plaza del Corpus Christi, a causa del convento que aquí se halla.

Convento de jerónimas descalzas del Corpus Christi, que es conocido popularmente como de las Carboneras. Esto es así por un lienzo de la Inmaculada, de gran devoción, que según la tradición fue encontrado en una carbonería para ser luego entregado a la comunidad de religiosas. Fue fundado el 27 de septiembre de 1605 por doña Beatriz Ramírez de Mendoza, condesa de Castellar, del linaje de los Ramírez de Madrid, en casas que eran de su mayorazgo; entre las monjas que entraron al comienzo estaba su hija doña Juana, que se convirtió en la primera superiora. El convento se edificó en el primer tercio del siglo XVII, siendo su arquitecto Miguel de Soria. Contiene algunos cuadros de Carducho y Herrera el Mozo, entre otras obras de arte, afortunadamente preservadas al no haber sufrido daños ni saqueos durante la guerra civil.

1.7.16

Conde de Lemos (Calle del)


Entre la calle del Espejo y la plaza de Santiago. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

Esta calle, que no aparece rotulada en los planos antiguos y no se abrió al tránsito hasta 1803, se conoció hasta bien entrado el siglo XX como de Lemus. Antes se llamó del conde de Lemus, con lo cual actualmente no ha hecho sino recuperar la grafía correcta del título nobiliario que le da nombre. Y es que al parecer aquí tuvo su casa el más célebre de todos los condes de Lemos, título que se remonta al reinado de Alfonso XI. Se trataba de Pedro Fernández de Castro y Andrade (1576-1622), VII conde de Lemos, que durante el reinado de Felipe III fue virrey de Nápoles y presidente de los consejos de Indias y Supremo de Italia; aunque tal vez su mayor honra sea ser el destinatario de la última dedicatoria que escribió Cervantes, la de su Persiles, hecho del cual es casi seguro que el noble no tuvo siquiera noticia.

24.6.16

Conde de Casal (Plaza del)


Foto CC BY-SA Luis García


Entre las calles del Doctor Esquerdo y Carlos y Guillermo Fernández Shaw y la avenida del Mediterráneo. Distrito 3 (Retiro). Barrios de Pacífico, Adelfas, Estrella y Niño Jesús.

Era nuestra plaza no más que un giro del Paseo de Ronda, que se convirtió en cruce de calles cuando se abrió la avenida del Mediterráneo, la cual, llegando desde la antigua ronda de Vallecas interceptó justo en este punto al paseo de Ronda.

Está dedicada a Manuel Escrivá de Romaní y de la Quintana, décimo conde de Casal, nacido en Madrid el 16 de noviembre de 1871. Fue senador y, después de la guerra civil, primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid; fundamentalmente se dedicó a la historia y al arte y publicó varios libros y pronunció numerosas conferencias sobre esos asuntos. Formó parte de la Real Academia de San Fernando. Falleció en nuestra villa el 3 de septiembre de 1954.

17.6.16

Conde de Cartagena (Calle del)


(Foto del autor de esta bitácora)

Entre las avenidas de Menéndez Pelayo y del Mediterráneo. Distrito 3 (Retiro). Barrio del Niño Jesús. 

Nuestra calle enlaza el gran parque de Madrid con los hotelitos de la Colonia del Retiro, construidos entre 1920 y 1929 cuando aquello aún era prácticamente el campo y saltándose las previsiones del plan Castro, que casi sesenta años después de su presentación aún no había hecho nada por allí. Al comienzo de la calle, unas estilizadas figuras de los de Oriente en la fachada del edificio que ocupa el número 4, nos recuerdan la cercanía de la plaza de los Reyes Magos. 

El conde de Cartagena al que homenajea la calle es Pablo Morillo y Morillo, militar y marino español, nacido en la localidad zamorana de Fuentesecas el 5 de mayo de 1775. Participó en combates navales y terrestres de la guerra de la independencia (Trafalgar, Bailén). En 1815 pasó a América, donde fue capitán general de Venezuela entre 1815 y 1817 y también se distinguió en las guerras de independencia; fue quien firmó un armisticio con Bolívar el 27 de noviembre de 1820. Vuelto a España, siguió ocupando cargos militares (capitán general de Castilla la Nueva) a pesar de sus repetidas solicitudes de retiro, primero durante el trienio liberal y luego uniéndose, siendo capitán general de Galicia, a los Cien Mil Hijos de San Luis que restauraron el absolutismo. A pesar de ello, fue purgado en 1824, cuando se encontraba de permiso en Francia. Reincorporado en 1832 a su puesto en Galicia, participó en la primera guerra carlista en favor de Isabel II. Por su deteriorada salud volvió a pedir permiso para ser tratado en Francia y allí murió, en la localidad de Barèges, el 27 de julio de 1837.

10.6.16

Conde de Barajas (Plaza del)


(Foto: Ángel Manzano)

Entre las calles del Maestro Villa, Gómez de Mora, Pasa y Conde de Miranda. Distrito 1 (Centro), Barrio del Palacio.

Debe su nombre esta placita a las casas de los condes de Barajas de Madrid, que ocupaban su lado sur. Los Zapata, la familia que ostentaba el título, posteriormente emparentados con otros linajes nobles como los de Cárdenas o Mendoza, no solo eran propietarios de ese palacio, sino de otras muchas casas por esta zona, ya que pertenecieron a un mayorazgo fundado a mediados del siglo XV por el entonces señor de Barajas, Juan Zapata y Cárdenas (el primer conde fue Francisco Zapata y Cisneros, IX señor de Barajas, a quien otorgó el título Felipe II en 1572). Llegaron a litigar los condes con la villa por la posesión de los terrenos de la plaza, pleito resuelto a favor de Madrid en 1731.

En el palacio de los condes de Barajas vivió el célebre barón de Ripperdá, curioso e intrigante personaje que tuvo mucha influencia en el reinado de Felipe V. También lo hizo Baldomero Espartero después del triunfo del pronunciamiento de 1854 conocido como “la Vicalvarada”.

3.6.16

Conde de Aranda (Calle del)


Busto del Conde de Aranda en porcelana de Alcora
Foto: CC BY-SA 3.0 Joanbanjo

Entre las calles de Serrano y de Velázquez. Distrito 4 (Salamanca). Barrio de Recoletos. 

Otra calle tranquila, de edificios señoriales, en la parte más antigua del Ensanche en el barrio de Salamanca. Está dedicada a Pedro Pablo Abarca de Bolea, décimo conde de Aranda, que nació en la localidad oscense de Siétamo el 1 de agosto de 1719. Se educó en Italia y viajó mucho por Europa, donde entabló amistad con los enciclopedistas, cuyas ideas intentó propagar más adelante por España. Fue también militar y diplomático y en 1766 fue elegido para presidir el Consejo de Castilla, tras el Motín de Esquilache. Desde entonces ejerció una benéfica influencia sobre Carlos III, que hizo que su reinado fuese uno de los más admirables de los últimos tiempos. A él, entre otros, también se debió la expulsión de los jesuitas en 1767. Ocupó posteriormente, y durante diez años (1773-83), el cargo de embajador en París. A su vuelta no retornó al poder, que ahora ostentaba su rival, el conde de Floridablanca. Sin embargo, su influencia seguía intacta, incluso después de la llegada de Carlos IV al trono, y en 1792 volvió a estar al frente del gobierno durante unos meses a la par que Floridablanca era encarcelado. Sin embargo, poco le duró la gloria: en 1794 cayó en desgracia por las intrigas de Godoy y fue desterrado a Jaén. Al año siguiente el rey le permitió volver a su tierra aragonesa; se retiró a Épila, en la provincia de Zaragoza, donde murió el 9 de enero de 1798. 

En el edificio moderno que ocupa el número 9 de esta calle, una placa nos recuerda que ahí estuvo la casa en la que nació, el 28 de febrero de 1886, el pintor José Gutiérrez Solana. Y en el actual número 17 hay otra que nos indica que en esa finca falleció, el 29 de noviembre de 1901, el eminente político catalán Francisco Pi y Margall.

27.5.16

Conde (Calle y Travesía del)


Corona condal española


Va la calle entre las del Cordón y del Rollo, y la travesía desde la calle del Conde a la de Segovia. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

Forman parte calle y travesía de lo que Répide denominó “breve e interesante laberinto” de callejuelas y plazas que conforman “un curioso trozo del Madrid de hace más de trescientos años”. Sin duda parece que el tiempo se hubiese detenido aquí, en épocas en que todavía tenía su entrada por nuestra calle el palacio del conde de Revillagigedo, hecho que le dio su nombre. Anteriormente había pertenecido a la linajuda familia de los Loaysa.